DIOGENES EN TIQUICIA

Imaginense un día de estos, bajo un brillante sol de media mañana, se aparece Diógenes de Sínope en San José, cerca de la Plaza de la Cultura, con dos potentes focos LED, con una mochila - porque es un trotamundos de "bed and breakfast" - cargada de botellas de agua, mentas, curitas y cintas para recoger su largo y desordenado pelo y, tal vez, un par de rollos de la "medicinal" para el "pura vida". 

 
Va camino de Zapote, pasando por Cuesta 'e Moras y por el costado norte de los Tribunales, cuando un avispado curioso - celular en mano - lo detiene y le dice: 

- Oiga, mae, ¿Por qué llevas dos potentes focos encendidos y a pleno día? 

Diógenes, sin inmutarse y sin volverlo a ver, le responde:

- "Ando en busca de un político honesto".

Aquella respuesta - en estos tiempos de inmediatez en las redes sociales - se hizo viral casi que al instante. Y a medida que "el extraño del pelo largo" avanzaba totalmente concentrado en su caminata, cientos se sumaban a su periplo, incluyendo periodistas de medios digitales, impresos y televisivos. La curiosidad, o mejor dicho, la expectativa se había apoderado del país en cuestión de minutos.

Todos se preguntaban: ¿Habrá un político honesto en Tiquicia?

En la "Casa del Opaco Cristal", o sea nuestra Casa Presidencial y después de unas dos largas horas de espera, se empezó a notar la impaciencia y el crecimiento de la incertidumbre y los chismes en sus pasillos y oficinas principales pues, avisados de la cercanía del gentío que venía con Diógenes, varios de sus inquilinos salieron a verlo pasar con la esperanza de que se detuviera y les hablara.

La cosa es que nuestro Diógenes imaginario pasó al frente de esa mansión gris - otrora sede central de una empresa de fertilizantes -  y siguió su camino sin detenerse.

Cuando llegó al parque Nicaragua - el de Zapote no el de La Merced - se detuvo y se sentó en uno de sus bancos. Albino Vargas, el eternizado y controversial líder sindical tico que venía al frente de la multitud, no pudo resistirse a la tentación y, haciendo gala de su oportunismo y osadía, se le acercó - rodeado de cámaras y celulares que transmitían en vivo y a todo color - y de frente y con chillona e imperiosa voz le preguntó:

Bueno, Diógenes, dinos ¿Encontraste a un político honesto en Costa Rica?

Claro está que al genial Diógenes no se le escapó el doble filo de la pregunta y, con la parsimonia, cinismo e ironía que lo caracterizaban, le respondió:

- "No. Y ahora apártate que NOS tapás la luz del sol".

Tal y como sucedió allá en la Atenas del siglo IV AC, Diógenes dejó sus anécdotas para que sacáramos nuestras propias enseñanzas y conclusiones. Así que ¿Cuales conclusiones le deja a usted, querido lector, esta anécdota de nuestro imaginario Diógenes que un día, bajo un brillante sol de media mañana, se apareció en nuestra fea ciudad capital?

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