JUZGAR A LOS DEMAS
Si hay algo inherente a nuestra humana naturaleza, lo es nuestra capacidad -y frenética tendencia- de juzgar a los demás. La enseñanza de San Pablo, de que no juzguemos a los demás porque nos condenamos a nosotros mismos, es un recordatorio de que el juzgar "a la ligera" es contraproducente y repudiable. Pero ello no significa, ni se nos ordena, que no podamos juzgar, siempre y cuando lo hagamos con discernimiento y justicia. ¿Cómo podríamos ser capaces de discernir quiénes son "falsos profetas" a menos que tengamos la capacidad de hacer un juicio válido sobre las doctrinas y los hechos que practican? Cuando San Pablo habló de no juzgar a los demás, no quería decir que no se pueda identificar el pecado (el mal) como lo que es, y en base a la definición de pecado que nos da Dios en su ley. Además, en otro pasaje del Nuevo Testamento (Juan 7,24), Jesús no nos prohíbe juzgar, sino que nos instruye sobre el cómo hacerlo de forma correcta. Este versículo de Juan dice li...