RELATIVISMO Y REVISIONISMO
Vivimos rodeados de un exacerbante relativismo que, inclusive, justifica y valida como culturalmente correcto el despreciar hasta los más sagrados valores éticos y morales que definen nuestra civilización. Un relativismo que nos ha llevado a un revisionismo de nuestra historia que no ha dejado muñeco con cabeza.
Su discurso, atrapado en un infinito interpretativo del cada quien, pierde todo sentido de propiedad particular y se eleva disruptivo por encima de conceptos como ciencia, filosofía e, inclusive, religión. Nada es sujeto de verdad y, por el contrario, hasta la misma realidad se convierte en una víctima apocalíptica que sume lo social y lo individual en una nulidad mutuamente excluyente.
El nihilismo, como pensamiento dominante, postra nuestra dignidad y libertad al grado de absurda futilidad.
Y estamos trasladando esa nefasta forma de pensamiento a todas las esferas de nuestra vida y, por supuesto, a nuestra forma de desarrollarnos como personas y como sociedad. En consecuencia, nos enfrentamos a disyuntivas de cómo legitimizar hasta nuestras más urgentes prioridades jurídicas, políticas y económicas, sin mencionar el hoyo de dudas que se ciernen sobre nuestras más determinantes prioridades privadas.
Es, a todas luces, un pensamiento y una corriente profundamente hedonista, egoísta y perniciosa que debemos de combatir de forma decidida y sin miramientos. Todas nuestras conquistas como especie, como ciudadanos, como sociedad y como personas están siendo cuestionadas, atacadas y desmanteladas ante nuestras propias narices por posiciones que fomentan el descontento, el resentimiento y la ira para abrir espacios a la negación y a la sumisión o entrega de nuestra más esencial naturaleza en favor de oscuros e insidiosos intereses.
No es el retomar viejas glorias como erradicaremos este veneno, sino con nuestra entereza - y con lo valioso que hayamos aprendido de aquellas conquistas que nos sirva de guía para construir las propias - que podremos enfrentar eficazmente estas amenazas postmodernistas.
Debemos construir alternativas intelectualmente viables y honestas ante esta marejada de negación.
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