Yo no tengo una relación ni de odio ni de amor con los impuestos. Para mí son, simplemente, una realidad. Me adhiero a la lapidaria expresión "solo hay dos cosas seguras en esta vida: la muerte y los impuestos". Y, de hecho, creo que son absolutamente necesarios para sostener un Estado que cumpla con los lineamientos o mandatos esenciales para lo que, originalmente, fue concebido y desarrollado el concepto. El Estado, y muy a pesar de lo que griten los anarcoliberales, los anárquicos y los ácratas, sigue siendo el concepto político dominante del cómo se organizan los países, y lo seguirá siendo por mucho tiempo por venir. No hay nada en la doctrina liberal clásica ni en la moderna que sugiera a- eliminar el Estado y b- eliminar los impuestos para sostenerlo. Ni siquiera Milton Friedman, el gurú de todo liberal o libertario moderno, sugirió semejante estulticia. El Estado, en definitiva, es una realidad jurídico-política y, sin lugar a dudas, geopolítica.
Nuestro Estado Social de Derecho, a pesar de ser un concepto "digno", es también - en manos de ineptos y corruptos - un instrumento perverso. Y esto lo hemos venido atestiguando desde ya hace varias décadas, pero que en esta crisis estamos viendo con mayor claridad. Por un lado, instituciones realmente valiosas que, a pesar de estar en manos de políticos y sindicatos y de su insufrible ineficiencia en tiempos "normales", han reaccionado a la altura de las tremendas necesidades que las circunstancias nos imponen, como la CCSS. Y por el otro, instituciones que simple y llanamente no sirven para un carajo y que, al final de cuentas, no dejan de ser un lastre para el Estado. En el caso particular de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), nos ha sido demostrado con creces que esta institución es absolutamente valiosa y que realmente merece la pena que, desde ya y sin dilación, empecemos a pensar y concretar planes y proyectos para dotarla de toda la fortaleza, eficiencia, eficacia y modernidad que necesita. Y hacerla NUESTRA, de nuestro pueblo y NO botín de gremios feudales, sean estos sindicalistas, políticos o empresariales. Esta debería ser una prioridad para cualquier partido político que aspire a la presidencia en el siguiente cuatrienio.
Y es que tenemos que tener una visión global de nuestra realidad. Un Estado Social de Derecho como el nuestro, atiborrado hasta la coronilla de impuestos, es una mueca del verdadero sentido que tiene el concepto por el cual fue creado; y por el cual muchos costarricenses, vencedores y vencidos, dieron sus vidas en la década reformadora por excelencia de nuestra historia: los 40s del siglo XX. He aquí la verdadera traición al legado de la Revolución de 48: la degradación sistemática de nuestro Estado Social de Derecho.
Hemos convertido nuestro Estado en un enorme glotón que consume los recursos de este país de forma hasta grotesca. No hay día, mes o año en que a algún político hijo de vecino, o a un ministro de Hacienda o algún inepto en la Asamblea Legislativa, no se le ocurra la "brillantísima" idea de proponer un nuevo impuesto para solventar "x o y problema" o para la creación de una nueva institución que, al final de cuentas, lo que viene a hacer es duplicar funciones o a ser botín político para pagar "favores". Y para muestra un botón: ahora, frente a esta crisis, cuando es el Estado Social de Derecho el que debe salir a responder ante el inminente peligro pandémico, ocurre que lo solidario debe ponerlo el pueblo, no el Estado. Y aquellos genios que nos gobiernan lo proponen, precisa y exactamente, con un nuevo impuesto “solidario” temporal a los salarios superiores a 1 millón de Colones.
Mal haría la Asamblea Legislativa si aprueba este descabellado proyecto que planea presentar el ejecutivo. Hay otras formas de acceder a recursos para enfrentar esta crisis sin necesidad de “castigar” con más impuestos - por más que le llamen “contribución solidaria” - al pueblo costarricense. En dos artículos anteriores propuse, y disculpen que de acá en adelante escriba en primera persona, ideas para enfrentar esta crisis de salud pública SIN atropellar al pueblo. Varias ya han sido implementadas, y no porque me hicieran caso, sino porque las circunstancias los llevaron a ello, como la declaración de estado de emergencia nacional, amnistía tributaria (IVA y renta), teletrabajo, readecuación de deudas, congelar la planilla del Estado y fortalecer la seguridad ciudadana, o lo que es lo mismo, restricciones a ciertas libertades que ayudaran a detener la expansión del contagio. Todas estas propuestas, entre otras varias, fueron sugeridas en mi artículo del 14 de marzo de este año 2020. Otras, como el recurrir a las reservas internacionales del Banco Central de Costa Rica, las cuales son de aproximadamente USD8 mil millones, el obligar por ley a que todas las instituciones del Estado que tengan superávits presupuestarios, transfieran la totalidad de esos fondos a una caja única para que los mismos estuviesen disponibles para enfrentar la crisis, y reducción de hasta un 60% como contribución “solidaria” a las pensiones de lujo (acá sí se debe hablar de OBLIGARLOS a ser solidarios) fueron presentadas en mi artículo del 18 de marzo.
Pues bien, varias de esas propuestas, repito, se han ido cristalizando de una forma u otra; pero hay tres que me interesan en demasía ahora que salen con ese impuesto “solidario”: acceder a las reservas del BCCR, el recorte “solidario” a las pensiones de lujo y la transferencia de los montos de los superávits de las instituciones del Estado a caja única. Con ellas - entre las tres - se podría acceder a fondos que sobrepasan los mil millones de Colones para dirigirlos a la lucha contra la pandemia delCOVID-19 y, además, sin afectar a nadie excepto a unos cientos de “aristócratas” que se creen intocables. Los superávits presupuestarios de las instituciones estatales y las reservas del BCCR (que NO son del Banco Central, sino que son de Costa Rica) son, en última instancia, recursos de nuestro Estado, o sea, de nuestro país. La enorme diferencia, y acá el "altísimo nivel de solidaridad de nuestros gobernantes", es que, si se hace vía impuesto, entonces NO se genera una deuda, pero si se hace accediendo a las reservas del Banco Central de Costa Rica, sí se genera una deuda que, aunque parezca hasta increible, es Costa Rica debiéndole a Costa Rica. En cuanto a los superávits presupuestarios de las diferentes instituciones del Estado, simplemente se transfieren y ya. Después y como ganancia, durante los años postpandemia, nos queda el decreto o ley que las obliga al cumplimiento presupuestario y así evitar sueños faraónicos de algunos - no todos - que prefieren construir plazas o anfiteatros con esos fondos de los superávits para eternizar sus egos.
He leído recientemente, y con muchísima satisfacción, que un distinguido economista, que fuese un alto empleado bancario, ha hecho la misma sugerencia de acceder a las reservas del BCCR, y ha sugerido hasta la forma de hacerlo sin afectar en nada el funcionamiento de nuestro Banco Central. Espero, realmente espero, que le hagan caso.
Así que cargar un nuevo impuesto “solidario” a los salarios de los costarricenses, sin importar que sean 500 mil o un millón o hasta 3 millones de Colones por mes, y a sabiendas de que hay otras formas de obtener recursos sin afectar a NADIE, y en especial a la clase media que eventualmente será uno de los motores que impulsarán la recuperación post pandemia, pues simple y sencillamente NO se vale y consecuentemente debemos de oponernos rotundamente.
Acá sí estoy de acuerdo con varios amigos liberales y libertarios cuando dicen que “todo impuesto es un robo institucionalizado”, aunque lo vistan de “solidario”, especialmente desde la perspectiva de un mal entendido y hartamente traicionado y abusado Estado Social de Derecho.
Publicado en FACEBOOK el 20 de marzo del 2020
en tiempos de pandemia COVID-19.
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